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10 trucos mentales para controlar el hambre emocional

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Las causas que te llevan a comer más cantidad de alimentos de la que realmente necesitas pueden ser muchas y muy variadas: ansiedad, tristeza, nerviosismo, estrés, una intensa vida social y familiar… Sea cual sea tu caso, no te tortures demasiado. Todas nos hemos abalanzado sobre la comida en alguna ocasión y eso no nos convierte en unos monstruos. Un atracón al año no hace daño…

Ahora bien, si esta práctica se repite con más frecuencia de la que te gustaría, debes tomar cartas en el asunto. Tu salud está en juego. Para empezar, tienes que aprender a diferenciar si tus ganas de comer están provocadas por un hambre fisiológica o emocional. El primero está más que justificado, pero el segundo suele ser una respuesta a determinados estados afectivos y te hace engullir más cantidad de la que necesitas. Este comportamiento puede conducirte hacia la obesidad y otros problemas de salud.  


Cómo diferenciar el hambre emocional y el hambre fisiológica

Descifrar los motivos o las emociones que te conducen a comer de forma impulsiva es la clave para controlar ese apetito voraz y desorbitado. Ahí es hacia donde tenemos que dirigir nuestros esfuerzos.

El hambre real es el que viene del cuerpo, del estómago, y solo entiende de volumen. Si aprendemos a escuchar a nuestro estómago, sabremos si está lleno, vacío o a la mitad. Es una sensación fisiológica. Lo que ocurre es que hemos ido ‘desconectando’ de esta sensación y nos hemos dejado llevar por el placer que proporciona comer”, explica Itzíar Digón, psicóloga experta en nutrición, mindful-eating y alimentación consciente. “El hambre emocional está motivado por otros muchos detonantes: el olor o el aspecto de la comida, una incomodidad o vacío emocional, el estrés, incluso el miedo al hambre… Tratamos de llenar esos vacíos con el placer que recibimos con la comida. Es una especie de parche que te hace sentir bien al principio, pero que después puede traer culpa por no haber sido capaz de parar. También puede conllevar un malestar físico al comer más cantidad de la cuenta”, añade.

Para aprender a distinguir los tipos de hambre, debes fijarte en los siguientes aspectos:

  • El hambre emocional es repentina, mientras que el hambre física es gradual y paulatina
  • El hambre emocional es urgente, mientras que el hambre fisiológica puede esperar.
  • El hambre emocional requiere de comidas específicas, mientras que el hambre fisiológica está abierto a diferentes opciones.
  • El hambre emocional no se satisface al sentir plenitud, mientras que el hambre fisiológica se acaba al estar satisfecho.
  • El hambre emocional suele generar sentimientos negativos al acabar, mientras que el hambre fisiológica no te hace sentir mal.

Cómo combatir el hambre emocional

Aunque no te lo creas, nuestro cerebro es mucho más inocente de lo que parece. Estos pequeños trucos psicológicos te ayudarán a “engañarle”. Ponlos en práctica y conseguirás convencerle de que no tienes hambre.


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Autor/a: Clara
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